Como cada año, a finales de Octubre, se celebra la noche de Halloween. Una celebración que durante muchos años prácticamente sólo se conocía por estos lares por las series y películas norteamericanas, las mismas que trajeron la fiesta a Europa y la han popularizado en los últimos años hasta asimilarla ya casi como propia. Pero el verdadero origen de la festividad de Halloween no estaba en EEUU o Canadá sino en la propia Europa.

No sé si a ti te pasa lo mismo, pero en mi entorno cada vez que llega esta fecha surgen las posiciones enfrentadas sobre la festividad de Halloween. Para unos es un momento esperado, de diversión, alegría, fiesta y, por qué no decirlo, en algunos casos también para hacer caja porque hay negocios a los que sin hacer daño a nadie realmente les viene bien esta fiesta, como a mi amiga Rosa que tiene una tienda de disfraces y artículos para fiestas. Para otros es una invasión cultural, una festividad sin sentido, una forma de olvidar celebraciones propias como el Día de Todos los Santos o los magostos, una apropiación del carnaval o un sacadineros sin más.

La realidad es que la festividad de Halloween es, en origen, una celebración celta que, en mi opinión, sería interesante que se conociera más. Quizá sea porque me encanta la historia y conocer cómo se vivía en otras épocas, pero para mí eso es lo más bonito de esta celebración, aunque ahora haya derivado en algo muy diferente a lo que era entonces.

Cada noche de 31 de Octubre los antiguos celtas celebraban Halloween, la víspera de otra de sus grandes festividades del año, Samain. Durante la noche de Halloween se creía que los espíritus de los difuntos vagaban por el mundo de los vivos. Esto podía ser peligroso y había que tomar ciertas precauciones. Pero también había que respetarlos y por ello se llevaban a cabo determinadas acciones.

Entre esas acciones estaba colocar velas o farolillos en las ventanas para mostrar a los difuntos su camino en la oscuridad y evitar que se perdiesen en el mundo de los vivos. En algunos casos se dejaba la puerta del hogar abierta y un plato de comida en la mesa para los espíritus buenos de la familia. En otros se cerraban a cal y canto los hogares por temor a que un espíritu maligno entrase en los mismos y dañase a sus moradores y se apagaban las luces para que los muertos no encontrasen la casa.

De una u otra manera, los antiguos celtas tenían claro que durante la noche de Halloween los muertos podían caminar entre los vivos, que estaban en el mundo de éstos.

Con el transcurrir del tiempo la celebración de Halloween fue evolucionando; fue primero prohibida por pagana y con el tiempo llegó a convertirse en lo que es hoy, aunque aún en cada lugar se celebre de una manera diferente. Nosotros conocemos sobre todo la cara lúdica, festiva y hasta un pelín gamberra de la misma, dicho en el buen sentido de la palabra. Pero todavía en algunas zonas, sea porque no se perdió la tradición celta, sea porque se ha recuperado, se celebra al modo antiguo.

Pienses lo que pienses sobre Halloween, te encante o lo detestes, no está de más recordar que durante mucho tiempo fue, para muchas personas, un momento especial del año.