En los últimos meses he descubierto una nueva forma de ocio para disfrutar en familia con la que estoy entusiasmada. Se trata de los talleres de repostería. Una forma de pasarlo bien en familia en el tiempo libre que recomiendo a todo el mundo.

Hace unos meses, a principios de otoño, una compañera de trabajo me propuso acudir con nuestras parejas e hijos a un taller familiar de repostería que ofrecían en una escuela de hostelería un fin de semana. Animé a los míos, aunque en un principio no mostraron mucho entusiasmo, y allí fuimos. ¡Qué bien lo pasamos!

En una mañana de domingo, en poco más de tres horas, aprendimos a hacer tres tipos de galletas y a preparar coberturas de colores solo con azúcar glas, agua y colorante alimentario. Metimos manos en la masa, nos reímos mucho y luego compartimos con los demás participantes almuerzo de galletas y chocolate a la taza. Fue muy divertido.

Después de eso aprovechamos dos días de lluvia para replicar en casa la experiencia y para probar una receta de rosquillas que sacamos de un blog de cocina. ¡Salieron muy buenas! Y eso que ninguno de nosotros era muy cocinillas.

Al acercarse la pasada Navidad, descubrí que en una cadena de cafeterías y pastelerías ofrecían un taller de repostería para familias un sábado por la tarde. No dudé en apuntarnos y esta vez los cinco miembros de la familia, los mayores y los pequeños, fuimos con muchas ganas. También lo pasamos de cine, conocimos a gente muy maja, preparamos tarta tatín de manzana y otra similar de piña fresca. Después las probamos con unos zumos naturales y terminamos la tarde cansados pero felices.

Así que, vista la buena experiencia, me atreví a embarcar a mi familia en una aventura: encontrar los talleres de repostería para familias en un radio de 200 km desde casa y convertirlo en un plan para las vacaciones de Navidad. Al final nos apuntamos a dos: uno de repostería navideña y otro de repostería tradicional de sartén.

El primer taller, el de repostería navideña, fue en un obrador de panadería en un pueblo. Había sólo dos familias más y fue muy acogedor y muy educativo. Hicimos polvorones, mantecados, mazapanes y turrón de chocolate. Aprendimos a compartir, a hacer cálculos mentales sencillos para las proporciones y a colaborar en equipo. Y al terminar nos llevamos un montón de dulces que fuimos a compartir en una merienda con los primos, que se entusiasmaron con la idea.

El segundo fue en una academia de cursos de cocina nuevecita y supermoderna. Nos impuso un poco a todos al entrar, creo que nos entró miedo a manchar algo. Pero la persona que impartía los cursos era muy simpática y nos quitó rápidamente el miedo. Éramos un grupo pequeño de cuatro familias y aprendimos a hacer rosquillas fritas, churros y buñuelos de viento bañados en chocolate. También a sentirnos más cercanos, a trabajar codo con codo y algunas tradiciones culinarias.

Durante estos talleres no sólo hemos aprendido a preparar recetas dulces muy ricas, también hemos aprendido a perder el miedo a la cocina, a disfrutar del placer de hacer algo con nuestras propias manos y a disfrutar del tiempo de ocio juntos y en equipo sin televisor, sin móviles, sin ordenador ni tablet y sin videojuegos. También a escuchar, a interactuar con otras personas en un entorno diferente, a comportarnos como corresponde en cada lugar y a comprender el valor del trabajo propio, entre otras muchas cosas.

Nuestra experiencia ha sido buenísima y ya tengo reservado otro taller de repostería familiar, este de un fin de semana completo en una casa rural, para aprender a hacer pies americanos de frutas. No sé quién tiene más ganas de que comience si mis hijos, mi pareja o yo misma. El caso es que a todos nos apetece mucho disfrutar de este tipo de actividad y de pasar tiempo en familia de calidad juntos.

Así que no puedo hacer otra cosa que no sea recomendar esta actividad a toda familia con hijos pequeños, medianos e incluso con adolescentes. Busca en tu ciudad o en una zona cercana las opciones de este tipo, seguramente encuentres variedad porque está de moda. Y espero que le saquéis tanto partido y disfrutéis tanto de la experiencia como nosotros.