Hacer pan en casa es mucho más que una moda, es una pasión y una actividad de ocio. Lo digo como aficionada que cuando comenzó no pensaba seguir con ello. Pero llevo ya un año amasando y horneando pan y cada vez veo a más personas que disfrutan con esta actividad que parece propia de tiempos más antiguos.

Hace poco más de un año me regalaron por mi cumpleaños un curso de panadería de un fin de semana. La verdad es que no sé en qué estaría pensando la persona que me lo regaló, porque nunca he sido aficionada a la cocina y tampoco soy alguien especialmente interesada en gastronomía. La verdad, si acudí al curso fue en primer lugar por no hacer un feo a la persona que me lo regaló y en segundo lugar porque el curso tenía lugar en una casa rural e incluía todo un fin de semana en ella y algunos extras.

Cuando me presenté allí no sabía bien qué ni con quién me encontraría. Y lo que más me sorprendió es que era un grupo de hombres y mujeres con mucho entusiasmo y perfiles muy diferentes de distintas edades. Nada de tópicos como comedores compulsivos de pan o hippies del “hazlo tú mismo y de forma natural”. ¡Y habían pagado un buen dinero por un fin de semana semejante!

Me di cuenta de que para alguno aprender a hacer pan era parte de una moda, para otros de una forma de ocio o un modo de trabajar con sus manos. El caso es que ese fin de semana se despertó en mí una pasión por hacer pan que cada día va creciendo.

Durante este año que llevo haciendo pan he asistido a pequeños talleres culinarios (mucho más económicos que el que me regalaron pero no menos interesantes), he practicado en casa, he animado a amigas y familiares a unirse a la causa y he disfrutado de muchos buenos momentos haciendo, probando y regalando pan casero.

En este tiempo puedo decir que aprender a hacer pan es mucho más que una moda para ocupar el tiempo de ocio o para conocer gente en un ambiente distendido. Hacer pan me ha permitido:

  • Aprender a trabajar con las manos y sentirme bien con los resultados obtenidos.
  • Desarrollar mi capacidad creativa probando nuevos ingredientes y sabores.
  • Despertar mi curiosidad por aprender y por la cultura de pan en distintos lugares del mundo.
  • Disfrutar de nuevos sabores y acompañar mis platos de pan de calidad y natural.
  • Hacer felices a amigos, familia y compañeros de trabajo regalando pan casero sin existir una razón o momento especial para ello.
  • Ocupar parte de mi tiempo de ocio de una forma estupenda.
  • Hacerme sentir bien porque de mis propias manos salga algo tan rico o que es apreciado por las personas que me importan.
  • Relajarme amasando como actividad que me ayuda a desconectar de otras cuestiones como el trabajo y me devuelve la calma.
  • Saber qué es lo que como y valorar más los alimentos naturales y artesanos que puedo comprar a pequeños productores.
  • Estar a solas conmigo misma y también pasar tiempo de calidad con otros. He conocido parejas que disfrutan juntos las tardes de domingo haciendo pan en casa.

Por estos y otros motivos, me gusta hacer pan y animo a todo el mundo a probarlo al menos una vez en la vida y que puedan decidir si les gusta. Si la moda de hacer pan, los talleres en tahonas y el boom del pan artesano aún no te han atrapado, dale al menos una oportunidad antes de decidir si realmente te interesa o no. Quizá sea tu próxima afición favorita y ni te lo hayas planteado.